Brevet #4: 600km en 39 horas

By 27/07/2018Blog

Fallar está permitido. «Solo» pude hacer 278km

El recorrido estaba planeado para comenzar al medio día, de esa manera no tendríamos que pasar por la zona más caliente durante el día si no en la noche. Saldríamos desde Sogamoso y terminaríamos en Doradal. La ruta incluye unos 6000mts de elevación.

En esta ocasión fallé, lo que hace difícil escribir en este momento, pero finalmente de todas las experiencias se aprende.

A las 11 la ansiedad nos estaba ganando, Alejo y yo nos miramos y decidimos salir antes, lo que en realidad fue solo 20 minutos pero sentíamos que nos estábamos ahorrando una eternidad. La salida cruzando Sogamoso para poder tomar la autopista nos sirvió para bajar los nervios, pero una vez llegamos a la vía principal comenzamos a pedalear… en plano me rinde, ahí el peso y el tamaño me ayuda y les ayuda a ellos a cubrirse del viento. Cuando empezaron los sube y baja Alejo se pinchó, nada de nervios, nada pasaba, al contrario, servía para darnos cuenta que él NUNCA había tenido que cambiar un neumático… que buen momento para aprender.

Obviamente con los sube y baja Alejo y Barbas se me fueron, entonces nada, bajar la cabeza y comenzar a darle a la cadencia, a la potencia y disfrutar de uno de los paisajes más hermosos que he visto en la bicicleta.

Cuando llegué a Tunja ellos no hacía mucho que habían llegado, teníamos unas dos horas de adelanto en este primer tramo de 70km, rellenamos agua, geles, comida, nos tomamos un café caliente y arrancamos de nuevo, acá ya los repechos eran más pronunciados y en el primero me tomaron distancia y de nuevo solo. Quería llegar al Puente de Boyacá a tomarme una foto, el 20 de Julio pedaleando y pasando por ese lugar creo que merecía algún homenaje, por eso había escogido el uniforme de Café de Colombia, era el más colombiano que tenía.

Cuando llegué al puente Alejo y Barbas no quisieron parar y estaba solo con Polly y Manu, entonces nada, fotos y para adelante… el frío ya me estaba afectando, ya no me sentía bien y la altura me afectaba un poco. No soy capaz de recordar muy bien el momento en que se oscureció, pero sí cuando comenzó a llover duro. Estaba pasando por Chocontá y mirando las antenas cuando comenzó una llovizna, sentía que estaba corto de líquido por lo que decidí parar a comprar algo de agua y me antojé de gomitas. Cuando salí ya estaba cayendo duro el agua, me puse la chaqueta y agradecí llevar pantalones térmicos.

Cuando estaba llegando al Sisga ya no pude más del frío, estaba completamente ensopado, estaba temblando y tuve que parar por que no sentía la cara… en el termómetro me marcaban 6 grados, lo que sumado al agua, el viento y demás podía tener una sensación térmica de unos grados menos… este fue el primer momento duro de una cadena de momentos imposibles. Lo bueno, las lomas que pensaba que serian más duras no lo fueron tanto, aunque en realidad no recuerdo mucho, cuando me di cuenta estaba ya llegando a Tocancipá, y ese tramo desde ahí hasta Chía se me hizo eterno.

Llevaba sintiéndome mal desde el Sisga, pensaba que eran las gomitas que me habían caído mal o algo en el agua que había comprado… cuando llegué por fin a El corral que era el punto de encuentro casi no podía sostenerme, estaba temblando y estar derecho me dolía el estómago, los hombros habían comenzado a dolerme lo que era una señal de que ponto me comenzaría a doler la columna. En todo caso Polly me recibió la bicicleta, le pedí ropa (una camiseta, un buzo y una chaqueta térmica) para comer… tenía la esperanza de poder comer y tomar las pastillas para el dolor de espalda que me había recetado el médico, pero solo pude con tres mordiscos de la hamburguesa, cuando pregunté por los demás el único entero era Alejo, Barbas estaba tirado en el carro con tres cobijas encima tiritado o mejor casi convulsionando.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Traté de descansar un rato, en el carro con la calefacción, y me empecé a sentir mejor, el afán de Alejo por seguir y lo enredado que tenía la cabeza me hizo aceptar y camine pues, espere yo me visto… en ese momento, apenas salí del carro, todo empeoro y tuve que hacer una devolución de la hamburguesa (al menos solo fueron 3 mordiscos), pero apenas hice eso me comencé a sentir mejor.

De ahí la pedaleada era plana por un rato, pero cuando llegamos a Fusa Barbas ya no podía más, se retiró el primer soldado y a Alejo le tocaría seguir a paso de tortuga.

El escenario que sigue para mi fue muy extraño, un paisaje muy abrumador, se veía el resplandor de Bogotá, de vez en cuando se veían las luces cerca, pero estábamos por una carretera como abandonada hasta que llegamos a un terreno más extraño aún, una cantera de las más grandes que hubiera visto (¿no sería la fiebre o algo así?), luces de celadores que usaban sus silbatos para hacerse notar por toda la montaña… un ascenso de unos 10km que me tomó una eternidad y mil madrazos a la espalda… un descenso y a veces escuchaba que el carro se quedaba para que Barbas “tosiera” un rato pero siempre nos acompañaba. Este acompañamiento no es normal, y es más, no es permitido, pero estábamos en una condición demasiado precaria como para pensar en nada más.

 

El descenso me ayudaba, aunque el frío me hacía temblar todo el cuerpo al punto que a veces casi pierdo el control de la bici, pero no importaba, tenía que tratar de recuperar tiempo… el problema es que después de una bajada larga, venían unos repechos larguísimos y fuertes, lo que aumentaba muchísimo el dolor de espalda. En los días previos, bastantes personas me habían recomendado que aplazara el intento, que no lo hiciera con la columna así… pero terco dedicado que soy decidí seguir adelante… 4 am, en algún lugar de la mancha, habíamos pasado la mesa y estábamos llegando a Anapoima cuando en un peaje paramos a descansar un rato, pero fue como si nos hubieran apagado el switch a los dos, Alejo y yo nos quedamos dormidos en el suelo… como a las 5 me despertaron y cuando traté de pararme me di cuenta que no era capaz, especialmente por que lo que veía venir era una pared de repecho en frente mío como los que me habían sacado lágrimas más atrás… tuve que renunciar.

 

Ya en el hotel en Ibagué y habiendo recorrido en el carro el resto del camino hasta allí, sé que fue la mejor decisión que pude tomar en ese momento, desgraciadamente Alejo también renunciaba por que no podía seguir solo, pero si hubiera intentado creo que habría pasado el peor momento de mi vida y posiblemente la lesión habría sido peor.

Llegué, me bañe, comí algo que pude dejar adentro, me tomé las pastillas y traté de dormir de nuevo, pero las lágrimas no me dejaron, por un rato lo único que pude hacer fue pensar en todo lo que había pasado, en la gente que estaba pendiente, ayudándome, trasnochando conmigo para tratar de lograr esto, en mi familia y amigos, en los patrocinadores… no quería dejar mal a ninguno, pero no podía más… como dijo Mauricio de Renhacer:

“Con el cuerpo roto pero el alma entera”.

Que me quedó de aprendizaje:

  1. Necesito ropa térmica, el frío que sentí en el Sisga desencadenó una serie de cosas que hicieron gran parte de este fallo.
  2. No puedo cambiar mis rutinas, normalmente desayuno con Avena y Huevo solo, no puedo cambiarlo por un hotel.
  3. Hay que descansar, no puedo dejarme llevar por encima de mi ritmo, en estos fondos tengo que sentar mi cadencia y mantenerme en ella respetando mis descansos.
  4. No estaba bien de salud, física ni mental, antes de esto, debería hacerle caso al cuerpo y la mente.
  5. Los amigos son lo más importante en este sitio, el soporte… pero debemos trabajar más en la logística y las señales de cada uno.
  6. Debo mejorar mi equipamiento, las ruedas nuevas funcionaron perfecto, pero debo tener mejores accesorios como luz trasera, maleta frontal y re pensar la trasera.
  7. El paisaje, que cosa más increíble… repetiré estos 600km y los terminaré… eso es una promesa.
  8. Lo más importante, sin el equipo de apoyo JAMÁS se lograría esto. Gracias infinitas a Polly, Manu y los que se quedaron pero que estuvieron pendientes, a las marcas que me ayudan después de tantas locuras.